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¿Estamos en el Antropoceno?

En la charla ¿Estamos en el Antropoceno? que tuvo lugar el pasado 1 de junio en la Delegación del CSIC de Asturias el Dr. Valentí Rull, investigador del Instituto Botánico de Barcelona (IBB), explicó cuál es el procedimiento formal para que el “Antropoceno” se pueda aceptar como nueva época geológica y cuál es la situación actual de la cuestión.

Ya hace mucho tiempo que la palabra “Antropoceno” está cada vez más en boca de todos y si hubiera que definirla, muchos dirían que es el período de la historia en la que el impacto de ser humano en el planeta está siendo muy intenso y visible. Sabemos que existen muchas evidencias de que el ser humano ha modificado (y sigue modificando) el funcionamiento del Sistema Tierra, pero la definición de nuevas épocas geológicas se hace en base a la estratigrafía, la ciencia que estudia los estratos de roca. Una cosa es una época histórica de la humanidad y otra muy distinta una época geológica de la historia de la Tierra.

Formalización del “Antropoceno” como nueva época geológica

Igual que para aceptar el uso de cualquier palabra en castellano la Real Academia de la Lengua Española (RAE) tiene que analizar la situación y aprobar su inclusión en el diccionario, para aceptar una nueva época geológica, hay que seguir un proceso de formalización que es supervisado y evaluado por la Comisión Estratigráfica Internacional (ICS) y la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS).

Aunque es evidente que los humanos estamos cambiando el Sistema Tierra, como ya recogía Rull en el libro “El Antropoceno” (CSIC-La Catarata, 2018), desde 2009 el Grupo de Trabajo del Antropoceno (GTA) de la ICS es el encargado de buscar las rocas que representan este fenómeno. Estas rocas deben cumplir las condiciones de ser globales y sincrónicas, es decir, que se hayan empezado a depositar en todo el globo al mismo tiempo. Este proceso es lento y no se espera una propuesta en firme hasta, por lo menos, el verano de 2023. Después empezará la evaluación de la propuesta en a ICS y la IUGS.

El estudio de los estratos (las capas de rocas que se han ido sedimentando con el paso del tiempo) nos permite conocer la historia del Sistema Tierra.
Autor: Alan D. Wilson.

En las condiciones actuales, la propuesta del GTP que define el principio del “Antropoceno” en el año 1950 coincidiendo con la Gran Aceleración y la “Era Atómica”, tiene pocas posibilidades de ser aprobada en base a criterios estrictamente científicos. Muchos reclaman la formalización del “Antropoceno” como nueva época para justificar la toma de medidas extraordinarias para paliar los efectos que tiene el ser humano sobre el medio ambiente, pero eso es un problema de política global y no de estratigrafía.

Les consecuencias del impacto del ser humano en el planeta

Lo que está fuera de toda duda es que, si el impacto humano no disminuye, pronto tendrá consecuencias irreversibles. El calentamiento global, por ejemplo, parece estar retrasando la próxima glaciación que debería haber empezado ya hace unos 1000-2000 años, y la podría posponer por más tiempo o, según algunos modelos, terminar con los ciclos glaciar-interglaciar e ir hacia lo que se llama una Tierra supercaliente (hothouse earth) a la que los humanos difícilmente nos podríamos adaptar. Los modelos apuntan que el umbral para que esto suceda sería un aumento de 2º C en la temperatura media global de la Tierra con respecto a las condiciones preindustriales, lo cual no estamos muy lejos de alcanzar.

Hay quien pensará que entonces un cambio de hábitos en nuestro sistema económico global (explotación incontrolada de recursos naturales, consumismo exagerado, monopolio de los recursos naturales, utopía del crecimiento ilimitado, etc.), podría reducir el impacto que tenemos sobre nuestro planeta. Pero como indicó el propio Rull, los cambios que ya hemos inducido en el sistema tardarían siglos en revertirse, si es que llegan a hacerlo. Otra forma más drástica de disminuir la influencia humana sobre el planeta podría venir de factores exógenos que redujeran abruptamente la población, como por ejemplo, una enorme erupción volcánica, una epidemia inesperada, una guerra nuclear a gran escala, el impacto de un asteroide, un colapso ecológico por la sobreexplotación de recursos o la llegada de una nueva glaciación.

La vida en la Tierra se originó hace unos 4.000 millones de años, pero nuestra especie apareció hace apenas 200.000 años. Es decir, nuestro planeta ha vivido sin humanos durante casi toda su historia. Así pues, nuestra extinción y todas las que podamos provocar por el camino no son un problema para que la Tierra siga su curso normalmente. Aún tendremos que esperar unos años para que las “RAE” de las épocas geológicas propongan y analicen el término y el concepto de “Antropoceno” y sea formalizado (o no) como época geológica. Pero pase lo que pase, sabemos que el problema no es el planeta, somos nosotros los que tenemos que decidir si queremos seguir viviendo en él o no. El hecho de que se formalice o no el “Antropoceno” no debería ser excusa para terminar con la sobreexplotación.

Autora: Inés Fuentes

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