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Las montañas Baekdudaegan de la península coreana: ¿un nuevo refugio glacial para la flora de Asia oriental?

En el volumen del pasado mes de febrero de la revista Biological Conservation se publicó un extenso trabajo de revisión sobre el papel de las montañas Baekdudaegan, una cordillera que recorre longitudinalmente y de manera ininterrumpida la península coreana, como uno de los grandes —y a la vez desconocidos— refugios pleistocénicos de flora de Asia oriental. El estudio, que ha contado con la participación del Instituto Botánico de Barcelona, revisa la bibliografía disponible sobre filogeografía y genética de poblaciones en endemismos coreanos o en especies para las que se han estudiado poblaciones coreanas, además de estudios paleoecológicos llevados a cabo en la península coreana y áreas vecinas. Tal y como es esperable en regiones que fueron refugio de flora, las poblaciones coreanas presentan niveles más elevados de variabilidad y una mayor singularidad genética. Los datos de polen fósil, por su lado, indican que esta cordillera albergó extensas áreas de bosques boreales y templados durante el último máximo glacial y, por tanto, están en consonancia con los datos genéticos.

Localización aproximada de las montañas Baekdudaegan (representada con el trazo grueso continuo). Los montes Baekdu y Jiri representan los extremos norte y sur de la cordillera, respectivamente.

El papel de las montañas Baekdudaegan como refugio glacial de flora es, si cabe, aún más importante si se tiene en cuenta que esta cordillera —la de mayor longitud de Asia oriental con alrededor de 1600 km—, es considerada como una “montaña sagrada” por parte de muchos coreanos y, además, lo es para seguidores de todas las grandes religiones y corrientes filosóficas que hay en la península (chamanismo, budismo, taoísmo, neoconfucianismo y cristianismo). Los factores biológicos, juntamente con los culturales y espirituales, hacen de esta cordillera merecedora del máximo nivel de protección. Para lograr tal meta, los autores sugieren una serie de medidas que pueden agruparse en tres grandes tipologías: (1) reducir la fragmentación y la pérdida de hábitats (especialmente grave en la parte perteneciente a Corea del Norte), (2) aumentar el nivel de cobertura y el desempeño de la red de áreas protegidas de ambas Coreas (muy deficiente y con graves carencias de gestión en el vecino del norte) y (3) potenciar la cooperación entre los dos países —prácticamente nula a día de hoy.

 Un sanshin o espíritu de las montañas, acompañado por un tigre guardián, en el monte Odae (Corea del Sur; reproducido con permiso)

Un sanshin o espíritu de las montañas, acompañado por un tigre guardián, en el monte Odae (Corea del Sur; reproducido con permiso)

En un estudio complementario pero que, debido a razones editoriales, se publicó poco antes (en el número de diciembre de 2016 de la revista Korean Journal of Plant Taxonomy), los mismos autores sugieren que las montañas Baekdudaegan pueden haber jugado un papel muy parecido al de los montes Apalaches en Norteamérica: ambas cordilleras tienen una longitud, altitud, latitud y orientación similar, una flora de tamaño comparable (unas 1500 especies), datos genéticos y paleoecológicos que confirman su rol como refugios glaciales, y un valor cultural y espiritual muy significativo para las gentes de ambas regiones. Y como última pero no menos asombrosa coincidencia, ambos sistemas montañosos cuentan con senderos que los recorren (el de los Apalaches es probablemente el más célebre a nivel planetario).

Autor: Jordi López-Pujol

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